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Cuando exigirte más nunca parece suficiente

Lic. Magalí Carinci · 1 min de lectura

“Podría haberlo hecho mejor.”

“Todavía no es suficiente.”

“Cuando consiga esto, voy a poder descansar.”

La autoexigencia puede empezar pareciendo una virtud. Nos ayuda a esforzarnos, cumplir objetivos y querer mejorar. El problema aparece cuando nunca existe un punto en el que podamos sentir que alcanza.

El perfeccionismo muchas veces se relaciona con la necesidad de evitar el error, la crítica o la sensación de no ser suficiente. Y ahí puede aparecer un círculo difícil de cortar: cuanto más exigimos de nosotros mismos, más ansiedad sentimos; cuanto más ansiedad sentimos, más necesitamos controlar, anticipar o hacer las cosas perfectamente.

Y cuando finalmente cumplimos, aparece alivio.

Pero ese alivio dura poco.

Desde la terapia cognitivo-conductual y las terapias contextuales podemos trabajar no solamente sobre lo que pensamos, sino también sobre la relación que tenemos con esos pensamientos y con nuestras propias exigencias.

No se trata de dejar de querer crecer, de bajar nuestros objetivos o de conformarnos.

Se trata de poder preguntarnos: ¿esto que me estoy exigiendo me acerca a la vida que quiero o me mantiene intentando demostrar que soy suficiente?

Porque quizás el objetivo no sea hacer menos.

Quizás sea poder hacer sin tener que vivir permanentemente bajo examen.

Magui