No todo lo que pensamos merece que le creamos
Lic. Magalí Carinci · 1 min de lectura
“Si lo estoy pensando, debe ser verdad.”
Parece una idea sencilla, pero muchas veces vivimos como si fuera cierta.
Pensamos que algo va a salir mal y empezamos a prepararnos para el desastre. Pensamos que alguien está enojado y actuamos como si lo supiéramos. Pensamos que no somos capaces y dejamos de intentarlo.
Nuestra mente produce pensamientos todo el tiempo. Algunos son útiles, otros no tanto y otros pueden aparecer de manera automática después de determinadas experiencias.
El problema no es tener pensamientos difíciles.
El problema puede aparecer cuando cada pensamiento se convierte en una verdad, una orden o una señal que tenemos que obedecer.
Desde la terapia cognitivo-conductual podemos aprender a identificar y revisar determinadas formas de interpretar lo que sucede. Desde las terapias contextuales también podemos trabajar sobre nuestra relación con esos pensamientos: no necesariamente necesitamos hacer que desaparezcan para poder vivir de otra manera.
Podemos aprender a observarlos, cuestionarlos cuando sea necesario y, sobre todo, elegir qué hacemos aunque estén ahí.
Porque pensar “no voy a poder” no significa que no puedas.
Y pensar “algo malo va a pasar” tampoco significa que esté pasando.
Un pensamiento puede ser una experiencia de nuestra mente sin convertirse automáticamente en una instrucción para nuestra vida.
Magui